sábado, abril 11, 2009

Dias aciagos 1

He tenido demasiado con mis dos trabajos, el de día se convirtió en una monserga a mi regreso al llano en llamas de Tultepec, desde donde mi trabajo de noche -no me preguntes si es prostitución, porque ya he respondido en varias ocasiones que no- se dificulta mas por las distancias que se debe recorrer hasta la ciudad. Este distanciamiento ha provocado que mis momentos frente a la máquina se vuelvan lo mas productivos posibles dejandome poco tiempo, cero, para relatarles mis últimas anécdotas.

Hace ya varias semanas tuve a bien aceptar la invitación de ,los compañeros de entrenamientos a celebrar el cumpleaños del Guro, en resumidas cuantas querían ir a un tugurio, así que de inicio les di el avión. El Viernes en cuestión regrese tan harto como podía y buscaba la manera de tirarme en la cama a descansar y olvidarme un poco de mi, llenaba cuando recibí la llamada del Guro, preguntando si ya estaba en camino,le respondí que no, pero mientras hablabamos decidí que siempre si los alcanzaba, así que me comunico con el guia de la salida y me indico la dirección del burdel donde se encontraban. Un baño rápido, y me dirigía al centro de la ciudad. Me llamaron nuevamente para informarme que habían cambiado la ubicación del lugar, y que me esperaban en un antrete denominado Almoloyita en la nada recomendable colonia doctores.

Minutos después estacione mi auto en una esquina despoblada que comparten unos cuantos antros de la zona, subí las escaleras de lo que alguna vez fuera una arena o quizá un cine para encontrarme en un sórdido antro de 5a, en una mesa con incomodísimas sillas bebían cervezas dos de mis compañeros y el guro. Me senté con ellos y me hice un poco el muerto para pedir cualquier cosa para beber mientras desanimados me decían que era un table muy despoblado, que ni mujeres había, salvo unas tres que departían con los parroquianos del lugar, y bastante tiradas a la calle, salvo por una que estaba en los "privados" del entrepiso superior del burdel, y que ya después de que bajo como barbacoa, tuve la oportunidad de observar sus enormes agujeros de celulitis en las piernas. Mientras unos y otros iban al sanitario inicio el "show" de la siguiente bailarina... Una mujer rayando los 50´s con un cuerpo de pena ajena que intentaba ser sensual frente a la jauría que bebía junto a la pista, se trataba de un espectáculo de pena ajena, como para subir con la chamarra en las manos para decirle "tapese tía" . el climax que nos marco la partida fue ver a esa jauría de respetables servidores de la ley y el orden comportandose al estilo vikingo, cargándose unos a otros, aventando sillas en una euforia poco comprensible, no fue necesario pedir la cuenta, el servicio se pagaba por adelantado, así que salimos del burdel. Inocentemente pensé que la noche seguiría un rumbo menos sórdido, pero decidieron que deberíamos regresar al bar donde habían iniciado la noche.

Sin margen a mojigaterías, la verdad es que muchos de ustedes saben que no estoy especialmente atraído a esos mercados de carne, prefiero ir a beber a un bar solo para ponerme ebrio, pues la idea de comprar sexo (no hablemos de comprar la idea del sexo) todavía no me parece necesaria.

Llegamos a un lugar aledaño a la alameda central, estacione mi auto a un para de calles de ahí solo para que al volver el cadenero me dijera que ellos podrían haberme hecho un lugar para estacionar. Vino el chequeo de rutina y bajamos las escaleras hasta el sitio, que era mucho mejor que el primero: era un burdel de 3a, con una muchachitas que si fueran Daisy les pondria 10, sólo que Daisy era la sirvienta de Don Mariano, muy pocos parroquianos, que eran probablemente vecinos del lugar. Los que mas llamaron mi atención era una pareja muy acaramelada sentada un un love seat -era un sofá pero con la pasión que tiraban, lo transformaron, ja- era un cuate en avanzado estado de ebriedad que se aferraba valientemente a las generosas curvas de un mujer de las dimensiones de Regina Orozco. La lujuria en la cara de alguno de nosotros (mas bien la ausencia de clientela) hizo que nos asignaran mesa de pista en un lugar que seguramente hace ya varios años era un salón de fiestas, o quizá un salón de baile, porque la distribución no me parecía la mas adecuada para el "arte" del table dance, y era taan de 3a que ni siquiera había un tubo para las evoluciones clásicas de la chicas, ja. Y cuando uno cree que las cosas no pueden ir peor, hay que esperar el siguiente paso, ordenaron una botella de pseudo brandy, del cual bebí un solo vaso en toda la noche. El resto de la noche fue tan aburrido como me resultan siempre estos sitios, con anécdotas que se vuelven chistes locales del grupo como la maravilla enmascarada queriendo robarle la tanga a una de las menos tiradas a la calle.

Los dejo ahora porque debo ponerle hielo a mi lesión en el tobillo, les escribo cuando pueda...

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