Hola desde el inframundo.
Hoy desperté mas temprano que lo de costumbre, y en esa crudez que me genera no dormir hasta las 9 de la mañana me da la impresión de que el mundo se colapsa mas rápido que lo deseado, el caos del tráfico me alcanzó, el trabajo sigue en una incertidumbre enorme, y el conjunto de estas situaciones me hace recordar a mi fatalista favorito:
"Que le jale Dios, y nos vamos todos"
El escenario me da el espacio suficiente para relatar la mas reciente anécdota en mi vida, que ya ha cobrado karma sobre mi auto y smartphone. Después de postergar por varias semanas encuentro con amigas -algunas de las cuales ya considero como perdidas en acción- El Sábado después de una plancha del Satánico Dr. D que derivó en la cancelación de esa salida me reuní con Jack; el pretexto era lo de más, aunque resulto ser lo de menos dada mi gran carga de estres "laboral". El lugar de siempre -que ha dejado de ser el de siempre a falta de humo de cigarrillos en la atmósfera, haciendolo mas nítido, menos clandestino quizá- fue el sitio de reunion con Jack...
(interludio laboral,quizá lo termine mañana)
Ese quizá se extendió hasta el Domingo, casi al borde de la madrugada, por una enorme y frustrante carga de trabajo, continuemos.
...quien pretendía una bebida refrescante para el intenso calor que se dejaba sentir en la ciudad. Comenzamos con las rondas de mojitos y la pésima combinación de música que programa el pseudo DJ. La charla iba de lo trivial a los negocios mientras revisaba el perfil de los nuevos clientes del lugar, una nueva horda de postadolecentes y algunos anacrónicos como yo, se filtraban algunas anécdotas como la de los tipos que me pagaron varias rondas de tragos porque querían ligarse a la novia de un amigo pensando en que ella venía conmigo, la siempre graciosa anécdota de Anselma de como las mujeres obtienen lo que piden y luego lloran por ello. Jack intento explicar algo que para mi podría ser muy claro si no me resultara tan completamente intracendentes sobre las mujeres que confunden la amistad con el wannabe, aún cuando ya se ha caminado la truculenta vereda de tener "ondas" y sobrevivir en el intento.
Nos reimos de las Marlas que rodean a Jack; mientras me justificaba ante el hecho de que yo las conozco muy borracho y a la fria luz del día me doy cuenta de la clase de abtracción de la naturaleza con la que me lié en la malacopa, mas sin embargo Jack conoce a sus Marlas en la sobriedad total ante la presión de los estandares sociales de un corpi como suele ser. Aunque he de reconocerle que da grandes bandazos en su selección de compañia Marlas exoticas de ultramar, la Marla religiosa fanática, la Marla hippie, la Marla rarotonga -mala copa y diva- y la colección sigue como si en lugar de Marlas fuesen muñecas Barbie.
En el antepenúltimo mojito de Jack, su cerebro comienza la traición de reconocer que ya identifico a su Marla hippie, poeta despechada que le recriminara su vida corpi superflua, en mis humores etílicos comienzo a presionar para que la muestre, el alcohol sigue haciendole efecto y me da referencias de su indumentaría mientras asegura que esa Marla ya se ha marchado del lugar.
Un mojito más y Jack se empieza a sentir mas confiado de poderse reir de si mismo identificando a Marla, mi presión sigue vociferando que me enseñe a Marla, pide silencio y obtiene mas necedad borracha y mas aspavientos para que me muestre a esa patética Marla. En un momento, de reojo aparece una maravillosa candidata a Marla, decadente -mas vieja de lo que esperaba basado en los desplantes que le hizo a Jack- insignificante -aún para ser una Marla- vestida en caqui y rojo como la había descrito Jack mililitros antes. Fue en el momento en que vociferaba querer conocer a Marla, cuando a Jack en una especie de suspiro - a partir de una risa contenída, la vergüenza que aún no despejaba el alcohol, la incomodidad de la situación y la comicidad de la misma- susurro aqui esta, justo a mi lado. A partir de ese momento todo fue risa entre Jack y su narrador, mientras yo, de manera desfachatada, miraba a Marla pretender que no se enteraba de nada mientras pedia una ronda de mojitos para sus acompañantes y ella, esperaba mientras le laceraban visiblemente nuestras carcajadas, los señalamientos y la complicidad con la que nos reíamos de ella, solo apretaba las mandíbulas conforme su dolor ante la humillación iba creciendo, mirandonos de reojo, pretendiendo que miraba algo detras del tender que seguía sin enterarse en su faena de macerar la mezcla de los mojitos para Marla, la Marla Hippie.
El resto de la noche, y del fin de semana, fue la risa de esta patética Marla, de las amenazas a muerte Jack por las líneas que acaban de leer. Cuando quise saber que piedra levanto para encontrar esa araña, la respuesta fue la red en una noche de insomne soledad, el resto de la hisroria fue taan clásica que resultaría en relatarles un cliché de las relaciones por la fria pantalla de una computadora. Al final de la noche que se convirtiera en una tardía madrugada regrese a casa aún riendo del Marla, la Hippie, la insignificante Marla que me proporcionara risas sobre Jack y ella hasta el Marte y un Karma que aún sigo purgando.
Se cuidan, historias viejas y nuevas próximamente -aunque parezca telenovela como diría el Cuervo- regreso decidida la amazona, después les cuento.
lunes, mayo 05, 2008
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